jueves, 29 de enero de 2026

"Dos héroes de la mano", poema en recuerdo de Alberto y Ascen

Alberto y Ascen, con sus dos primeros hijos (imagen extraída de la red)

   En la madrugada del viernes 30 de enero de 1998, pasada la una y cuarto de aquella noche, en la calle Don Remondo, confluencia con la del Cardenal Sanz y Forés, muy cerca de la Giralda de Sevilla y en pleno barrio de Santa Cruz, fueron asesinados, vilmente por la espalda, a manos de la banda terrorista ETA, Alberto Jiménez-Becerril (Sevilla 1960-1998), concejal sevillano de treinta y siete años, y su esposa, Ascensión García Ortiz (Cádiz 1956 - Sevilla 1998). Ascen llevaba en su mano tres claveles para sus tres hijos, de ocho, siete y cuatro años, respectivamente, recado y encargo con el que conmemorar, en su colegio, al amanecer el día, el Día Internacional de la Paz.

   Hoy, 29 de enero de 2026, hace un año que escribí este poema en su memoria y recuerdo, poema en verso libre que hasta hoy no había publicado ni compartido.

   Por todos los que amamos la paz, la libertad y combatimos el terrorismo con la palabra.

   Un poema contra el olvido.


Dos héroes de la mano

  

A Alberto y Ascen.

España no os olvida.

 

 

   Años después,

en la angostura de una esquina

abierta al cielo,

el tiempo aún parece detenido,

quedaron en el suelo

los sueños, olvidados.

Una reja, en su ventana,

silente en aquel paredón

que antes fue tierra,

mira en el sigilo

el trajín de los viandantes.

Van y vienen,

sin rumbo conocido.

 

   La estrechez de aquella calle

alberga los recuerdos que se fueron,

los últimos pasos y latidos

de dos héroes de la mano,

hombre y mujer hacia la nada.

Tres niños duermen,

la catedral dormita,

tan cerca que se escucha respirar.

Tres claveles de una madre

para un viernes de paz

que el mundo espera.

La muerte vino allí

a rellenar de gris el azul sevillano.

Miró para otro lado, dolorido,

el Giraldillo en su cima.

Enero dejó ver la luz en madrugada.

Sólo hablaron los cobardes,

sin palabras, por la espalda,

fieles a su costumbre.

Alguien apagó la voz

de dos sombras en la noche,

un lamento de amor

sirvió de despedida,

y un grito de paz y libertad

nació en aquella calle. 

 

Francisco A. Linares Lucena

Bailén, 29 de enero de 2025

   

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